Los 24

IMG_20140821_175012Hola Vida, mañana a las 11:25 hace 24 años que te conocí. La mamá dice que nuestro encuentro fue sin complicaciones, aunque hubiésemos quedado el 15 de Septiembre. ¡Vaya sorpresa te di adelantándome, eh! Pero es que ya tenía tantas ganas de saber cómo eras después de 9 meses preparándome para ti, que no podía esperar más…
Me he enterado que la noche de antes de verte, justo a las 21h, yo rompí aguas de mamá, así que ahora entiendo por qué soy alguien con tanta fuerza si soy capaz de partir el mar (y el mal) por los demás y por mí… 
Aunque a veces me has puesto las cosas (muy) difíciles, eres lo más bonito que me puede pasar y mi mejor regalo para siempre. Cada día me sorprendes con algo nuevo que me hace sonreír, aprender y agradecerte que te colaras dentro de mi cuerpecito. Estoy enganchada a todos los momentos, oportunidades, experiencias y felicidad que me das. 
Por muchos años más celebrando esto juntas, Vida. Te quiero.

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El ahora

image323~2Ya no prefiero que me duela a no sentir nada en absoluto. Ya no lloro cuando amanece. Ya no pienso en ti antes de dormir. Ya no te sueño. Ya no planeo nuestro encuentro. Ya no hay un beso en la estación torturándome. Ya no me aplastan los recuerdos. Ya no me pregunto tus respuestas y ya no tejo suposiciones. Ya no me ahogo. Ya no (per)sigo tus pasos porque prefiero volar con mi vida. Ya no me acuerdo cómo hueles, cómo eran tus ojos, cómo eras de alto. Estás borroso, estás empezando a borrarte…
Ya no voy corriendo a por el teléfono cada vez que suena por si eres Tú. Ya no te guardo (ni) rencor. Ya no me dan escalofríos cuando me dicen tu nombre ni tampoco las canciones tristes me provocan ansiedad. Ya no tengo tan claras las fechas especiales, empiezo a enredar los días con los meses y hasta me río por cómo fui en el pasado con esto. Ya hasta me río. Sonrío. Sí… ya río y sonrío.
Ya no “es que es tan difícil…”
Ya no tengo en mi mente tu imagen. Ya no estás en mi mente. Ya no estás clavado en ninguna parte de mis tripas. Ya no eres mis entrañas. Ya no puedes decepcionarme más porque ya no (te) espero. Ya no me desespero. Ya no creo que jamás voy a querer a nadie tanto… Porque me quiero más a mí.
Ya no Tú.
Ahora Yo.

POR FIN… EL FIN.

Y los sueños, sueños son.

suenos2Sé que todo empezará comiendo un bocadillo al lado de quien me quiere más que quiero mientras en silencio miramos la Torre Eiffel. O ella se nos queda mirándonos a nosotros.
Correremos por París, yo con un vestido rojo y descalza. Iremos a Cadaqués para saber que es verdad que sentiré que será mi lugar favorito del mundo. Tendré una furgoneta pidiendo libertad y no compromiso para darle sentido a mi mantra y cantaré canciones de los Rolling con mi inglés inventado. Llegaré a alguna feria de alguna ciudad de Andalucía vestida de flamenca. Me emborracharé y cumpliré la idea que tengo de todo el folklore. Tendré el pelo de Sara Carbonero. Y una perra a la que llamar India y que me despierte cada mañana. Ahí me daré cuenta de qué quiero y con quién lo quiero. Todo acompañado es más bonito.
Comenzaré durmiendo en una cama con dos personas porque mi hijo necesita de sus padres. Me enamoraré un poco más. Y me casaré, por el simple hecho de vestirme de blanco. En la playa, claro, al atardecer de un verano y con un máximo de 30 personas. No contaré más detalles porque es secreto… pero sé que iré descalza. Como siempre voy en la vida. Como más me gusta ser. Volveré a clases de yoga, seguramente después del parto. E iré a un concierto de Ricky Martin con mis amigas para recordar mi etapa veinteañera. Veré a Sting con mi sueldo y me pondré a llorar antes de cantar porque a veces pensaré seguir siendo un poco niña. Tendré una casa con mucha luz. Mucha. Luz hasta de la luna. El lugar me da igual, solo quiero una casa con ventanas muy grandes. Haré siempre cenas para celebrar la vida y me preguntaréis todos por qué me gustan tanto las velas y el incienso. Mi marido o novio o persona del querer me dirá “Ponte zapatos en casa para recibir a los invitados”, pero seguramente yo acabaré con los piecitos rozando el parquet y no podréis decirme ninguno nada, porque es mi casa. Supongo que también sin querer ya me habré recogido el pelo en un moño mal hecho mientras hablo con vosotros y, al ir a por bandejas de comida a la cocina y me viera de refilón en cualquier espejo escondido de alguna pared bonita, pensaré que en qué momento dejé de tener la melena suelta. Me diré que tengo que cambiar esa costumbre, pero comprobaréis en la próxima cena que sigo siendo igual.
También me encantaría que mi casa con mucha luz tuviera jardín. Salir por las mañanas a tomar un nesquick allí, en una de las sillas, mientras encojo las piernas, me tapo con una manta porque hace frío y noto el cielo oscuro, la humedad y el rocío que se coló antes de hacerse de día. Mirar alrededor y pensar qué planta pondría ahora mientras me siento orgullosa de haber conseguido lo que quería: un hogar así y flores. India correría por el jardín, mis hijos me pisarían la hierba y me pondría algo furiosa y mi hombre del querer mientras estaría en la ducha cantando. Cantando, es muy importante ese detalle, porque significa que es feliz. Uno, cuando canta, significa que lo es. Después saldría, me vería en la silla del jardín, olería a nuevo día, a nuevas ganas de seguir enamorándome y se iría a trabajar. Yo miraría el reloj, me entraría las prisas, vestiría a mis hijos para llevarlos al colegio y me iría corriendo al mío. No habrá atascos, me niego, pero si por un casual se cuela alguno, lo utilizaría para pintarme las uñas de rojo. Rojo, rojo, rojo, cómo me persigue ese color.
Después del trabajo, llegaré a mi casa con mucha luz -venga, da igual si no llega a tener jardín-, comeremos tortilla de patata, por ejemplo, y mi nevera estará llena de dibujos del cole de mis hijos. Mi hermana, como buena súper maestra, me dirá en algunas ocasiones que los tengo muy consentidos y le echará la bronca a mi madre porque los está mimando demasiado. India ladrará y me recordará a Coco en sus mejores momentos y mi persona del querer me mirará para que no pierda los nervios. Es la familia, qué le vamos a hacer… seguir queriéndola siempre un poco más.
Los domingos iremos a visitar la casa de mi hermano desde mi coche rojo y pediré por favor a mi hombre del querer que esta vez dejen de hablar de tonterías como las batallas entre Superman y Batman y quién ganaría porque ya tenemos una edad y parecen más críos que mis críos. Y si toca partido de fútbol, yo me voy con los niños a la playa a jugar. O a respirar el mar. A pintar, correr o saltar. Y ojalá tengan primos para compartir juntos ese momento…
Ellos se me harán mayores, la niña de mis ojos compartirá ropa conmigo y al chico le diré que es tan guapo que tenga cuidadito de traerme cada poco tiempo una novia a casa porque yo les cojo cariño enseguida y luego lo paso mal.
Estudiarán, crecerán, serán felices.
Se hará de noche y dormiré con mi persona del querer. Cerraré los ojos con el corazón gigante por tener todo lo que siempre había soñado. Lo peor ya lo habré pasado hace muchos años. Y a la mañana siguiente, sé que nadie, nadie, me prohibirá cantar en la ducha.

Cuando sube la marea

IMG_20140409_151209Tú también fuiste silencio en la orilla de mis ojos. Los dos contemplábamos el mismo mar que me calaba hasta el alma… Pero tú, marinero, hiciste un nudo a mis dolores y prometiste ahogarlo en las aguas más profundas con el fin de que no pudiera encontrarlo nadie nunca más.
Te bebiste el mensaje de la botella en el que pedía auxilio, ahogaste el grito y anidaste dentro de tu panza el sonido de mi risa. Estabas convirtiendo en mi refugio para dormir el espacio que te quedó al regalarme tu corazón. Mi almohada sonaba a tic tac y olía a esperanzas. Me gustaba eso de ti, tus calladas nocturnas en mis pestañas salpincándome entera de palabras. Tu amor salado. Tus besos dulces.
Nunca te vas si tu sonrisa siempre vuelve al pisar la arena, cuando el sol me da en la cara, en el instante en el que la calima me aprieta tan fuerte, al sentir la sal recordándome que no hay herida en la que no estés…

…que no hay vida en la que estés conmigo…

Turquito

IMG_20140609_195439670~2“Y entonces la vi. Llevaba un bolso de cuero negro, botas altas, jeans y una camisa con mucho vuelo. Y al toque me acordé de la primera vez que hicimos el amor. Recordé sus ojos cerrados y su sonrisa suave. Recordé su cuerpo desnudo levantándose a hacerme café. ¡Ella haciéndome café a mí! Recordé cómo me temblaban las piernas cuando entré en su departamento y cómo me sujetaba el corazón mientras nos desnudábamos. Recordé cómo trataba de pensar en cualquier cosa en el primero para no acabar en treinta segundos. Pensaba: ¡Te vas a correr como un adolescente y este pedazo de mina te va a echar a patadas, Turco! El segundo fue mejor que el primero y más dulce. Tomamos mate, ella se tapó las piernas dejando sus pechos al descubierto y hablamos de la “orga”, del partido, de la revolución, de la vida y al final dijo que había sido muy lindo. Yo salí de su casa pensando: La vida es esto, carajo, la vida es esto. Voy a tomar el cielo por asalto yo solo. Esa era mi cita favorita de Marx. Lo dijo hablando de la Comuna de París, dijo que habían tomado el cielo por asalto. Yo sentía que si ella estaba conmigo podía tomar el cielo solito. Viva la revolución y viva Angélica Puicorrea González. No debía saber su nombre, solo su apodo, Nelly, su nombre de guerra era Nelly, pero le vi la cédula de identidad cuando se levantó a hacerme café. Ya sé que no debía, que estábamos compartimentados, pero con esa mujer iba a tomar el palacio de invierno, ¡qué joder! Tenía derecho a saber su nombre: Angélica Puicorrea González. Nelly, la más fiera, la más dulce, la más hermosa.”

Juan Diego Botto
Invisibles. Voces de Un trozo invisible de este mundo.

La chica del bar de Malasaña

Malasaña-walk-with-meHoy he vuelto a soñar con la chica del vestido de flores y uñas cortas pintadas de rojo del bar de Malasaña. Querida, no sé quién eres, pero sé lo que haces. No sé si existes, pero en mi cabeza te paseas. Creo que eres mi alter ego en plena imaginación. Me asusta que tú cuentes, desde tus perspectivas, las historias que yo no me atrevo a vivir. ¿Me dices si tú conoces a ese tipo de la barra que te mira? ¿A quién representa en mi vida?
Me he levantado de un sobre salto esta noche. Pensaba que era la fiebre, pero has sido tú. Tenías los labios corridos de carmín, una cerveza en la mano y mucha rabia en el cuerpo. Tus ojos brillaban más que tu alma, el pelo ya no te caía por los hombros, sino que te lo habías recogido como una guerrera preparándose para luchar, y tus uñas volvían a la boca con furia animal. ¿Qué te pasa? ¿Qué me pasa? ¿Por qué sigue ese hombre tan quieto mirándote? ¿Mirándome? Supongo que tú también te preguntarás si él tiene por dentro algún tipo de sentimiento, remordimiento, arrepentimiento. ¡Qué descaro esa mirada! Ya no hay hombres que sepan respetar…
…pero abres los ojos y él no está. Te preguntas dónde ha ido, si se ha escondido. Lo buscas por el bar, entre tus manos incluso y esperas mientras desesperas que de verdad te esté observando desde otro punto y vuelva para pedirte disculpas.
Pero nada. Ni rastro.
¿Ha existido? ¿Ese hombre de mentiras en sus pestañas ha existido?

Tengo mucha fiebre y es viernes. Mi día se rodea de mantas en plena primavera. He desayunado lo mismo que me preparaba mamá de pequeña… Y aunque me he tomado una tregua para dejar a los dedos hablar, no debería haber salido de la cama. Aún tengo el sueño merodeando por mi mañana y solo se me ocurre contestarte a ti, querida chica de Malasaña: tranquila, calma tu impotencia, no temas… Pronto, muy pronto, empezará a darte igual las farsas que esconde un corazón. Ese que un día fue más tuyo que de aquel cuerpo de poco hombre.

Espero de verdad concienciarme de ello.

A herida abierta

IMG_20140401_191315723~2No sé en qué momento decidí quitarme la coraza para dormir -o soñar- y no volver a ponérmela más, solo sé que lo hice y ahora no tengo cojones de volver a abrochármela porque, aprieta tanto, que me reabre las heridas que me ha dejado la vida por estar a corazón expuesto.
Tampoco sé bien qué es ser valiente, pero conozco a gente que se le ha llenado la boca –y los ojos- diciéndomelo a mí, con palabras o sin ellas, con silencios y caricias. Pero yo en el fondo solo siento que sentí, que me enamoré, que todo lo malo era imposible si la posibilidad de ser feliz era tan fácil…
Pero mi hombro para llorar era una luz azul que parpadeaba cada cinco minutos después de poner punto y seguido. Mentir era muy fácil si mis dedos contaban lo contrario… Pero yo me iba poco a poco rompiendo… El destino se puso de acuerdo con los golpes de la vida y se cebaron conmigo. Un poquito por aquí, un poquito por allá. Yo intentaba sonreír, pero siempre acababa llorando.
Comenzaron las preguntas en el lugar donde tendrían que haber besos. Las culpabilidades donde, dios mío, no tendrían que tener cabida… “¿He hecho algo? ¿Por qué me ocurre a mí?”
No
Porque esto es así
Consecutivamente se alternaban. Sin parar. Pero la duda es peor que la esperanza y, cuando me quise dar cuenta, estaba dándome puntos a la herida con los mismos que finalicé una historia.
Mi autoestima se fue a la mierda, me castigué cuando no tenía que haberlo hecho. Todo eso de la mujer independiente y fuerte que proclamaba entre risas, era mentira. Soy frágil, como el rayito de luz que se desvanece… como si se me fundiera el nombre de tanto usarlo.
O de tan poco nombrarme.
No tenía caricias, no tenía besos, no tenía unas manos que me relajaran. Solo tenía poco tiempo, poco dinero. Y sentirte aparcada en doble fila de alguien que, para ti, era tu resistencia.
Di todo cuanto pude y comprendí que los límites de cada persona se encuentran en posiciones diferentes. Que, aunque no todos actúan como tú lo haces, no significa que esté mal hecho.
Pero yo tampoco me merecía sentirme más sola cuando estaba acompañada que cuando dormía sin nadie.
Y merma.
Y duele.
Y aún lloro y me desconsuelo mientras me sincero. Las gotitas saladas me llegan hasta el hígado y no es tan poderoso como creía: no ha sido capaz de tachar cualquier sufrimiento para hacerme emprender una nueva vida.
Los recuerdos son una putada cuando tú todavía te sientes culpable, cuando mi autoestima se quedó en la suela de alguien que ignora que estaba bailando sobre ella.
No culpo. Yo ya no culpo. Solo me sentencio.
Las injusticias son así. Llegan y punto.
Punto final.
Quizá no tener a nadie a quien llorarle es una señal para dejar de hacerlo. Aunque me pregunto, ¿de verdad he tenido unos ojos, un cuerpo, unos brazos, donde poder hacerlo durante todo este tiempo?
Qué putada sufrir… por el cuerpo y por el corazón.
Necesito volver a entrenar mis nuevas cicatrices para hacerlas amigas de esa protección que nunca tuve que haber dejado…
Y yo que creía que corazón era una coraza muy grande que sería capaz de cuidarme de las tempestades…